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Mamá empresaria: una profesión construida desde el amor y el propósito

Ser mamá y empresaria me ha enseñado que nuestros sueños también pueden crecer junto a nuestros hijos. Emprender puede convertirse en una forma de construir libertad, propósito y un mejor futuro para nuestra familia.

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Ser mamá probablemente sea una de las experiencias que más transforma nuestra manera de ver la vida. De repente nuestras decisiones ya no tienen que ver solamente con lo que queremos para nosotras, sino también con la vida que deseamos construir para nuestros hijos. Cambian nuestras prioridades, cambia nuestra relación con el tiempo y muchas veces también cambia la forma en la que entendemos el trabajo, el éxito y nuestro propio propósito.

Pero convertirnos en mamás no hace desaparecer a la mujer que existía antes de la maternidad. Seguimos teniendo sueños, ideas, talentos, ambiciones y deseos de crecer. Queremos estar presentes para nuestros hijos y acompañar sus momentos importantes, pero también podemos sentir la necesidad de construir algo propio, desarrollarnos profesionalmente y tener independencia económica. Esas dos partes de nuestra vida no tienen por qué estar enfrentadas.

Durante años hemos escuchado hablar de la dificultad de encontrar un equilibrio entre la maternidad y el trabajo, como si existiera una fórmula perfecta que permitiera distribuir cada minuto de nuestra vida correctamente. Yo creo que la realidad es diferente. Hay etapas en las que nuestros hijos necesitan mucho más de nosotras y otras en las que podemos dedicar mayor energía a nuestros proyectos. Aprender a vivir con esos cambios también forma parte de ser mamá empresaria.

Para mí, emprender siendo mamá tiene además un significado especial porque muchas de las razones por las que queremos crecer están conectadas precisamente con nuestra familia. Queremos ofrecer oportunidades, tener mayor libertad para decidir sobre nuestro tiempo y construir un futuro que no dependa únicamente de un salario. En ocasiones, nuestros hijos terminan convirtiéndose en ese impulso que necesitábamos para atrevernos a hacer cosas que antes parecían demasiado difíciles.

Cuando ser mamá transforma también tu manera de emprender

La maternidad puede enseñarnos habilidades que tienen muchísimo valor cuando decidimos construir un negocio. Aprendemos a organizarnos cuando parece que no hay suficiente tiempo, desarrollamos paciencia, solucionamos problemas constantemente y nos acostumbramos a tomar decisiones pensando más allá de nuestras necesidades inmediatas. Muchas veces no somos conscientes de cuánto hemos aprendido hasta que comenzamos a utilizar esas mismas capacidades en otras áreas de nuestra vida.

También aprendemos a ser mucho más eficientes. Cuando tienes pocas horas disponibles, empiezas a valorar el tiempo de una manera completamente diferente. Una mamá emprendedora puede tener que aprovechar el horario de la escuela, una siesta, algunas horas durante la noche o determinados momentos de la semana para avanzar en su proyecto. Esa realidad te obliga a identificar qué actividades realmente aportan resultados y cuáles solamente ocupan espacio en tu agenda.

Por supuesto, hay días en los que nada funciona como lo habíamos planeado. Puede aparecer una enfermedad, una actividad escolar inesperada o simplemente un hijo que ese día necesita más de nuestra atención. Antes podía frustrarme cuando una planificación cambiaba, pero he aprendido que la flexibilidad también es una habilidad. Un día complicado no destruye un proyecto que estás construyendo con constancia durante meses o años.

Creo que uno de nuestros mayores desafíos es precisamente dejar de medir nuestro avance utilizando la vida de otras personas como referencia. En redes sociales vemos empresarias que parecen tener cada aspecto de su vida perfectamente organizado: negocio, familia, ejercicio, viajes, reuniones y una casa impecable. Pero una fotografía o un video de treinta segundos nunca cuentan toda la historia que existe detrás de una persona.

Cada mujer está viviendo una realidad diferente. Algunas cuentan con una gran red de apoyo y otras tienen que resolver prácticamente todo por sí mismas. Algunas pueden dedicar ocho horas diarias a su empresa y otras solamente tienen dos. Comparar los resultados sin conocer esas circunstancias puede hacernos sentir que estamos avanzando demasiado lento, cuando en realidad estamos haciendo muchísimo con los recursos y el tiempo que tenemos disponibles.

Ser mamá empresaria también me ha enseñado que debemos aprender a celebrar los pequeños avances. Conseguir un nuevo cliente, terminar un proyecto, aprender una nueva habilidad o atrevernos a hacer algo que antes nos daba miedo también son logros. No necesitamos esperar a alcanzar una cifra enorme o tener una empresa gigantesca para reconocer que estamos creciendo. Los negocios importantes también se construyen acumulando pequeñas victorias.

Y en ese proceso existe algo que para mí tiene muchísimo valor: nuestros hijos están mirando. Están observando cómo reaccionamos cuando algo no funciona, cómo nos levantamos después de una dificultad y cómo trabajamos por aquello que queremos. No necesitamos darles una clase sobre emprendimiento para enseñarles lo que significan la disciplina, la responsabilidad o la perseverancia; muchas veces lo aprenden simplemente viendo cómo vivimos.

Construir un negocio también puede ser una forma de construir libertad

Cuando hablamos de libertad, muchas veces pensamos inmediatamente en dinero. Evidentemente, tener independencia económica puede transformar muchas decisiones de nuestra vida, pero para mí la libertad tiene también otras dimensiones. Libertad puede significar tener mayor capacidad para decidir cómo organizar tu día, poder estar presente en un momento importante de tus hijos o construir una actividad profesional que pueda adaptarse a diferentes etapas de tu familia.

Esa es una de las razones por las que los negocios digitales y el Network Marketing despertaron el interés de tantas mujeres. La posibilidad de trabajar utilizando un teléfono, crear contenido desde casa, conversar con clientes por redes sociales y desarrollar una comunidad sin depender necesariamente de una ubicación física abre posibilidades que hace algunos años eran mucho más difíciles de imaginar.

Sin embargo, esa flexibilidad también necesita disciplina. Trabajar desde casa no significa que automáticamente tendremos más tiempo. Si no aprendemos a establecer prioridades, podemos terminar trabajando a cualquier hora y sintiendo que nunca terminamos. La libertad no consiste simplemente en no tener un horario establecido por otra persona; también significa aprender a administrar nuestro propio tiempo con responsabilidad.

En mi camino con FARMASI he podido comprobar especialmente el valor de construir comunidad. Muchas mujeres llegan buscando una oportunidad para generar ingresos, pero durante el proceso comienzan también a descubrir habilidades que quizás no sabían que tenían. Aprenden a vender, utilizar sus redes sociales, crear contenido, comunicarse, formar equipos y eventualmente acompañar a otras mujeres que están comenzando exactamente desde el mismo lugar donde ellas estuvieron alguna vez.

Para mí, ese crecimiento tiene un valor enorme porque un negocio no debería transformarnos solamente desde el punto de vista económico. También debería permitirnos aprender, descubrir nuevas capacidades y convertirnos en mejores líderes. Cuando una mujer empieza a confiar más en sí misma y comprende que puede construir resultados a partir de sus propias decisiones, cambia también la manera en la que se enfrenta a otros desafíos.

No quiero romantizar la idea de ser mamá empresaria, porque también existen días difíciles. Hay cansancio, responsabilidades que se acumulan y momentos en los que puedes preguntarte si realmente vale la pena continuar. Emprender tiene incertidumbre y requiere tomar decisiones sin saber siempre cuál será el resultado. La maternidad tampoco se detiene mientras estás atravesando esas etapas, así que habrá momentos en los que necesitarás disminuir el ritmo y reorganizar tus prioridades.

Precisamente por eso creo que tener un propósito es tan importante. Cuando sabes por qué comenzaste, resulta mucho más sencillo recordar hacia dónde quieres ir en esos momentos de dificultad. Tu propósito puede ser construir independencia económica, tener mayor flexibilidad para compartir con tus hijos, demostrarte que eres capaz de crear una empresa o dejarles algo que pueda trascender más allá de ti.

También puedes simplemente querer crecer como mujer. Ser mamá es una parte maravillosa de nuestra identidad, pero no tiene que convertirse en la única. Podemos ser mamás y empresarias, esposas y líderes, amigas y creadoras, mujeres sensibles y al mismo tiempo ambiciosas con nuestros proyectos. No necesitamos escoger una sola versión de nosotras mismas para sentir que estamos haciendo bien las cosas.

Creo que nuestros hijos tampoco necesitan una mamá perfecta. Necesitan amor, presencia, orientación y una persona que intente cada día hacer lo mejor posible con las circunstancias que tiene. Y si además pueden crecer viendo a su mamá perseguir un sueño, superar sus miedos y construir algo con sus propias manos, quizás esa experiencia también les enseñe que ellos pueden hacer lo mismo cuando llegue su momento.

Por eso me gusta pensar que ser mamá empresaria no consiste solamente en administrar un negocio mientras criamos a nuestros hijos. Es aprender a construir una vida en la que nuestros sueños personales puedan convivir con el amor que sentimos por nuestra familia. No siempre será sencillo y seguramente tendremos que ajustar el camino muchas veces, pero cada etapa puede enseñarnos algo nuevo sobre nosotras mismas.

Tal vez hoy tengas una idea que llevas meses guardando porque estás esperando encontrar el momento perfecto. Quizás quieres comenzar un negocio, desarrollar tu marca personal, crear contenido o descubrir una oportunidad que puedas construir desde casa. No necesitas tener resueltos los próximos cinco años para comenzar. Muchas veces solamente necesitas identificar cuál puede ser ese primer paso y darte permiso para intentarlo.

Porque nuestros hijos pueden convertirse en nuestra mayor motivación, pero nosotras también merecemos construir aquello que soñamos. Ser mamá no significa abandonar nuestras metas; en muchos casos significa descubrir una razón todavía más profunda para perseguirlas y demostrar, primero a nosotras mismas y después a quienes nos observan, todo lo que somos capaces de construir.

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