Cuando comenzamos un negocio de Network Marketing es normal querer obtener resultados lo más rápido posible. Estamos emocionados, tenemos nuevos productos, comenzamos a conocer personas dentro de la comunidad y sentimos que tenemos frente a nosotros una oportunidad que queremos aprovechar. Esa energía inicial es maravillosa, pero también puede llevarnos a cometer algunos errores simplemente porque todavía estamos aprendiendo cómo funciona realmente el negocio.
Yo no creo que debamos tener miedo a equivocarnos. Los errores forman parte de cualquier proceso de emprendimiento y muchas de las cosas que hoy puedo enseñar son precisamente el resultado de haber vivido situaciones que me permitieron aprender. Lo importante no es intentar desarrollar un negocio perfecto desde el primer día, sino tener la capacidad de observar qué estamos haciendo, reconocer aquello que no funciona y realizar cambios cuando sean necesarios.
Uno de los primeros errores que veo es comenzar pensando únicamente en cuánto dinero podemos ganar. Evidentemente, si estamos desarrollando un negocio queremos generar ingresos y no existe nada malo en tener metas económicas. El problema aparece cuando nuestra única motivación es conseguir resultados inmediatos y olvidamos que antes necesitamos construir habilidades, clientes, relaciones y una forma de trabajar que podamos mantener durante el tiempo.
El Network Marketing no es una fórmula para obtener dinero automáticamente después de registrarnos en una compañía. Existe una oportunidad, existen productos y puede existir un plan de compensación, pero detrás de cualquier resultado hay trabajo. Necesitamos aprender a vender, comunicarnos, crear contenido, atender clientes y, si queremos construir una organización, desarrollar personas y aprender sobre liderazgo.
Cuando alguien comienza esperando resultados extraordinarios durante sus primeras semanas, puede frustrarse rápidamente si la realidad no coincide con esas expectativas. En cambio, cuando entendemos que estamos construyendo un negocio y que necesitaremos tiempo para desarrollar nuestras capacidades, podemos mirar cada pequeño avance como parte de un proceso mucho mayor.
Querer venderle a todo el mundo puede alejar a las personas
Otro error muy frecuente ocurre cuando sentimos que cada persona que conocemos debería convertirse en nuestro cliente. De repente comenzamos a mirar nuestra lista de contactos pensando quién podría comprar y enviamos mensajes prácticamente idénticos a familiares, amigos, antiguos compañeros de trabajo y personas con quienes quizás no hablábamos desde hace años.
Entiendo por qué sucede. Cuando estamos comenzando queremos hacer todo lo posible para conseguir nuestras primeras ventas y normalmente nuestro círculo cercano parece el lugar más sencillo para empezar. Sin embargo, existe una diferencia enorme entre compartir aquello que estamos haciendo y convertir cada conversación en un intento de venta.
Las personas pueden percibir cuando solamente nos acercamos porque queremos ofrecerles algo. Si alguien recibe un mensaje después de años sin conversar contigo y las primeras palabras son una promoción, probablemente la experiencia no resulte demasiado natural. Puedes conseguir alguna venta utilizando esta estrategia, pero difícilmente estarás construyendo una relación sólida alrededor de tu negocio.
Prefiero utilizar las redes sociales para compartir lo que hago de una manera más orgánica. Puedo mostrar un producto que estoy utilizando, explicar por qué me gusta, enseñar algo relacionado con él o simplemente compartir parte de mi experiencia como emprendedora. De esta forma, las personas que realmente tienen curiosidad pueden acercarse y comenzar una conversación.
Eso tampoco significa sentarnos a esperar que los clientes aparezcan solos. Un negocio requiere iniciativa y debemos aprender a ofrecer nuestros productos. La diferencia está en cómo lo hacemos. Podemos conversar, preguntar, escuchar y entender qué necesita una persona antes de recomendar algo. Vender con empatía siempre será diferente a intentar colocar un producto sin importar quién está delante.
Algo similar sucede cuando comenzamos a construir un equipo. No todas las personas que compran un producto quieren convertirse en emprendedoras y no todas aquellas que preguntan sobre el negocio desean construir una organización. Tenemos que aprender a escuchar cuáles son sus objetivos en lugar de decidir por ellas lo que deberían querer.
También podemos cometer el error de hablar solamente de productos. Si cada publicación de nuestro perfil es una fotografía de un catálogo acompañada de un precio, nuestra audiencia tiene muy pocas razones para conocernos. Las personas pueden encontrar información sobre un producto en muchos lugares; aquello que no pueden encontrar en otro sitio es nuestra experiencia, nuestra historia y nuestra forma particular de comunicar.
Por eso desarrollar una marca personal puede ser tan importante dentro del Network Marketing. Tus redes pueden hablar sobre los productos, pero también sobre aquello que sabes, tus intereses, tu camino como emprendedora y las experiencias que pueden aportar valor a otras personas. Cuando existe una identidad detrás del negocio, resulta mucho más sencillo construir confianza.
Otro error es copiar exactamente lo que hace la persona que nos invitó o alguien que admiramos dentro de la industria. Es natural buscar referencias cuando estamos comenzando y aprender de quienes tienen más experiencia puede ahorrarnos muchos errores. Sin embargo, inspirarnos no significa perder nuestra personalidad.
Tal vez alguien desarrolla su negocio principalmente haciendo videos y tú tienes una enorme facilidad para escribir. Otra persona puede tener una comunidad centrada en maquillaje, mientras que tú conectas muchísimo mejor hablando sobre maternidad y emprendimiento. Podemos aprender estrategias de otras personas y adaptarlas a nuestras fortalezas, en lugar de intentar convertirnos en una copia.
La constancia, la formación y el liderazgo también se aprenden
Uno de los errores que más afecta a cualquier emprendimiento es trabajar únicamente cuando estamos motivados. Durante los primeros días tenemos muchísima energía y queremos hacer todo al mismo tiempo. Publicamos constantemente, hablamos con clientes, asistimos a capacitaciones y hacemos planes. Después llega una semana complicada, disminuye la emoción inicial y poco a poco dejamos de hacer aquello que habíamos comenzado.
Un negocio no puede depender completamente de nuestro estado de ánimo. Necesitamos desarrollar hábitos y una rutina que pueda adaptarse a nuestra realidad. No significa trabajar todo el día ni abandonar otras áreas de nuestra vida, sino identificar algunas actividades importantes que podamos realizar de manera constante.
Para una persona pueden ser dos horas diarias y para otra solamente algunos espacios durante la semana. Lo importante es que exista continuidad. Pequeñas acciones mantenidas durante meses pueden generar resultados mucho mayores que trabajar intensamente durante una semana y desaparecer durante las siguientes tres.
También está el error de querer aprenderlo absolutamente todo antes de comenzar. Algunas personas pasan semanas viendo capacitaciones, tomando notas y esperando sentirse preparadas para publicar o conversar con su primer cliente. La formación es fundamental, pero llega un momento en el que necesitamos transformar aquello que aprendemos en acción.
Nunca vas a sentir que conoces todos los productos, dominas completamente las redes sociales y tienes respuesta para cada posible pregunta. Siempre habrá algo nuevo que aprender. Puedes capacitarte y actuar al mismo tiempo. Muchas de las mejores lecciones aparecerán precisamente después de conversar con clientes, crear contenido y cometer tus primeros errores.
En el extremo contrario están quienes no quieren capacitarse porque piensan que vender es algo sencillo y no necesitan aprender. También es un problema. Si quieres desarrollar un negocio, necesitas mejorar constantemente tus habilidades. Las redes sociales cambian, los productos evolucionan y conforme tu equipo crece aparecen desafíos completamente diferentes.
Otro error frecuente es compararnos constantemente con otras personas. En Network Marketing podemos ver líderes con grandes organizaciones, viajes, reconocimientos y resultados que parecen enormes. Cuando estamos comenzando, es muy fácil mirar todo eso y pensar que estamos demasiado lejos.
Lo que muchas veces olvidamos es que estamos comparando nuestro comienzo con una etapa completamente diferente del camino de otra persona. No vemos todas las conversaciones, los rechazos, las publicaciones que no funcionaron y los años de aprendizaje que pueden existir detrás de aquello que hoy aparece en una fotografía.
Creo que es mucho más saludable utilizar esas historias como evidencia de lo que puede construirse, pero mantener nuestra atención en nuestros propios objetivos. Tu siguiente meta quizás no sea liderar una organización enorme. Puede ser conseguir tus primeros clientes, crear contenido durante un mes de manera constante o ayudar a la primera persona de tu equipo a obtener resultados.
También debemos tener cuidado con prometer resultados que no podemos garantizar. Cuando estamos emocionados por una oportunidad podemos querer transmitir ese entusiasmo asegurando que alguien ganará determinada cantidad de dinero o alcanzará cierto resultado. Pero cada persona tendrá una experiencia distinta y los resultados dependerán de muchos factores.
Prefiero hablar con transparencia. Puedo compartir mi experiencia, explicar cómo funciona el negocio y mostrar aquello que hemos construido, pero cada persona tendrá que desarrollar su propio camino. Para mí, una relación que comienza con expectativas realistas tiene muchas más posibilidades de convertirse en algo sólido que una basada en promesas difíciles de sostener.
Cuando empiezas a formar un equipo aparece otro error importante: creer que liderar significa hacer todo por los demás. Queremos ayudar tanto que terminamos resolviendo cada problema, escribiendo mensajes por otras personas y diciéndoles exactamente qué deben hacer en cada situación. Puede parecer apoyo, pero con el tiempo crea dependencia.
Nuestro objetivo debería ser ayudar a las personas a desarrollar habilidades y criterio. Podemos acompañar, compartir herramientas y responder preguntas, pero también debemos permitir que cada integrante del equipo aprenda a tomar decisiones. El verdadero crecimiento ocurre cuando una persona deja de necesitar constantemente nuestras instrucciones y comienza incluso a enseñar a quienes llegan después.
Finalmente, uno de los errores que considero más importantes es abandonar demasiado pronto. Vivimos en una época acostumbrada a resultados rápidos y las redes sociales pueden reforzar esa sensación. Vemos historias de éxito resumidas en unos segundos y olvidamos que detrás probablemente existieron meses o años de trabajo.
Construir clientes lleva tiempo. Desarrollar una marca personal lleva tiempo. Aprender a vender lleva tiempo y formar líderes también necesita tiempo. Eso no significa continuar indefinidamente haciendo algo que claramente no funciona. Debemos analizar, ajustar y cambiar estrategias, pero existe una enorme diferencia entre corregir el camino y abandonar simplemente porque los resultados no llegaron con la velocidad que esperábamos.
Si estás comenzando en Network Marketing, date permiso para ser principiante. No necesitas hacerlo todo perfectamente ni conocer todas las respuestas. Aprende, prueba, escucha a las personas que tienen experiencia y desarrolla poco a poco una manera de trabajar que tenga sentido para ti.
Los errores aparecerán y algunos incluso terminarán convirtiéndose en tus mejores maestros. Lo importante es que cada uno te ayude a construir una versión más preparada de ti misma. Porque un negocio no crece solamente cuando aumentan las ventas o el número de personas dentro de un equipo; también crece cuando la persona que lo dirige desarrolla nuevas habilidades, aprende a tomar mejores decisiones y está preparada para ayudar a otros a recorrer el mismo camino.
