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Cómo emprender siendo mamá sin renunciar a tu familia

Ser mamá no significa renunciar a tus sueños. Quiero compartir contigo cómo podemos emprender, organizar nuestras prioridades y construir un negocio sin perder de vista lo más importante: nuestra familia.

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Ser mamá y emprender al mismo tiempo puede parecer una combinación imposible cuando tienes hijos que necesitan tu atención, una casa que funciona todos los días y una lista de responsabilidades que parece no terminar nunca. Muchas mujeres tienen grandes ideas, sueñan con construir algo propio o desean generar sus propios ingresos, pero terminan posponiéndolo porque sienten que para emprender tendrían que sacrificar demasiado tiempo con su familia.

Yo entiendo perfectamente ese sentimiento. Ser mamá cambia tus prioridades, tu manera de administrar el tiempo e incluso la forma en la que defines el éxito. Antes de tener hijos puedes organizar gran parte de tu día pensando solamente en tus propias responsabilidades, pero cuando eres mamá aparecen horarios, actividades, necesidades y momentos que simplemente no puedes planificar. Hay días perfectamente organizados que pueden cambiar por completo en cuestión de minutos.

Sin embargo, también creo que convertirnos en mamás no significa que tengamos que dejar de ser mujeres con sueños, proyectos y aspiraciones personales. Podemos amar profundamente nuestra maternidad y, al mismo tiempo, querer crecer profesionalmente, construir una empresa, generar nuestros propios ingresos o desarrollar una marca personal. Una cosa no debería obligarnos a renunciar a la otra.

Durante mucho tiempo se nos ha hecho creer que debemos elegir. O eres una mamá completamente dedicada a tu familia o eres una mujer enfocada en desarrollar su carrera profesional. La realidad es muchísimo más compleja y también mucho más bonita. Podemos construir una vida en la que existan diferentes dimensiones de nosotras mismas, aunque encontrar ese equilibrio requiera organización, paciencia y muchas veces aprender a dejar de exigirnos perfección.

Emprender siendo mamá también significa aprender a organizar prioridades

Creo que uno de los primeros cambios que tenemos que hacer cuando queremos emprender siendo mamás es dejar de buscar el equilibrio perfecto. Hay días en los que el negocio necesitará más de ti y habrá otros en los que tu familia ocupará prácticamente toda tu atención. Eso no significa que estés haciendo algo mal. Significa simplemente que estás aprendiendo a administrar prioridades que cambian constantemente.

Organizar nuestro tiempo es importante, pero también tenemos que ser realistas con la etapa de vida en la que nos encontramos. Una mamá con un bebé recién nacido probablemente tendrá una rutina completamente diferente a una mujer cuyos hijos ya están en la escuela. Comparar nuestra productividad con la de alguien que vive una realidad distinta solamente genera frustración y puede hacernos sentir que nunca estamos haciendo suficiente.

Para mí, una de las mayores ventajas que ofrecen los negocios digitales y modelos como el Network Marketing es precisamente la posibilidad de adaptar muchas actividades a nuestra realidad. Podemos responder mensajes desde nuestro teléfono, crear contenido desde casa, conversar con clientes a través de redes sociales o participar en una capacitación sin necesariamente trasladarnos a una oficina. Esa flexibilidad puede convertirse en una herramienta maravillosa cuando aprendemos a utilizarla correctamente.

Pero flexibilidad no significa trabajar a cualquier hora durante todo el día. Ese es uno de los errores que podemos cometer cuando comenzamos a emprender desde casa. Como tenemos el teléfono siempre cerca, podemos terminar contestando mensajes mientras desayunamos con nuestros hijos, revisando notificaciones durante una conversación familiar o pensando constantemente en aquello que todavía tenemos pendiente. Al final estamos físicamente presentes, pero nuestra mente continúa trabajando.

Por eso considero importante establecer espacios para cada cosa. No necesariamente necesitas ocho horas diarias para comenzar un emprendimiento. Quizás tengas dos horas durante la mañana, un espacio mientras tus hijos están en la escuela o un momento tranquilo durante la noche. Lo importante es aprender a utilizar esos espacios con intención y definir previamente qué necesitas hacer, en lugar de perder una buena parte del tiempo intentando decidir por dónde comenzar.

También he aprendido que no todas las tareas tienen la misma importancia. Podemos pasar horas eligiendo una fotografía, modificando pequeños detalles de una publicación o tratando de conseguir que absolutamente todo quede perfecto, cuando quizás deberíamos estar hablando con clientes, creando contenido útil o acompañando a nuestro equipo. Emprender con tiempo limitado te obliga a identificar cuáles son las actividades que realmente hacen avanzar tu negocio.

Y aquí aparece una palabra que para mí es fundamental: constancia. Muchas mamás piensan que necesitan disponer de grandes cantidades de tiempo para construir algo importante, cuando en realidad pequeños esfuerzos realizados de manera constante pueden producir enormes cambios con el paso de los meses. Una hora enfocada todos los días puede ser mucho más poderosa que intentar trabajar durante diez horas una vez por semana y terminar completamente agotada.

También tenemos que aprender a pedir ayuda. A veces queremos demostrar que podemos hacerlo absolutamente todo: ser excelentes mamás, empresarias, esposas, amigas y además mantener cada aspecto de nuestra vida perfectamente organizado. Pero construir algo importante no significa cargar con todo solas. Tener una red de apoyo y aprender a delegar algunas responsabilidades puede darnos el espacio necesario para crecer sin sentir que estamos abandonando aquello que realmente importa.

Tus hijos también pueden aprender al verte construir tus sueños

Existe otro sentimiento que muchas mamás emprendedoras conocemos muy bien: la culpa. Puedes estar trabajando y sentir que deberías estar con tus hijos; después estás jugando con ellos y recuerdas todo lo que tienes pendiente en el negocio. Es una sensación difícil porque parece que, sin importar dónde estés, siempre existe otra responsabilidad reclamando tu atención.

Con el tiempo he aprendido a mirar esta situación desde otra perspectiva. Nuestros hijos no solamente aprenden de aquello que les decimos, también aprenden muchísimo observando cómo vivimos. Cuando ven a una mamá comprometida con sus sueños, que trabaja por sus objetivos, que aprende cosas nuevas y que continúa intentando incluso cuando algo no funciona, también están recibiendo una enseñanza.

Pueden aprender que las cosas importantes requieren esfuerzo, que equivocarse no significa fracasar y que siempre podemos volver a comenzar. Pueden entender que una mujer puede amar profundamente a su familia y al mismo tiempo tener proyectos propios. Incluso pueden crecer viendo el emprendimiento como algo natural, entendiendo desde pequeños conceptos como responsabilidad, creatividad, trabajo y perseverancia.

Eso no significa que el negocio deba ocupar todos nuestros espacios familiares. Precisamente por eso creo que debemos aprender a estar presentes en aquello que estamos haciendo. Cuando estamos trabajando, trabajar con intención. Cuando estamos con nuestros hijos, intentar regalarles nuestra atención. No siempre será perfecto, pero ser conscientes de esos límites puede ayudarnos a construir una relación mucho más saludable entre nuestra familia y nuestro emprendimiento.

También es importante recordar por qué comenzamos. Para muchas mujeres, emprender nace precisamente del deseo de construir una vida con mayor libertad. Queremos tener nuestros propios ingresos, disponer de mayor flexibilidad o crear algo que pueda crecer con nosotros. Si durante el proceso terminamos completamente agotadas, ausentes y sin tiempo para las personas que amamos, probablemente necesitemos revisar la manera en la que estamos construyendo.

Tu negocio debería adaptarse a tu vida y no obligarte permanentemente a sacrificarla. Habrá momentos en los que tendrás que trabajar más, especialmente cuando estás comenzando o atravesando una etapa de crecimiento, pero eso debería formar parte de un proceso y no convertirse en la única manera de vivir. La libertad que buscamos también tiene que reflejarse en las decisiones que tomamos durante el camino.

Si estás pensando en emprender y eres mamá, no esperes a que aparezca una etapa de tu vida en la que tengas muchísimo tiempo disponible, porque posiblemente nunca llegue. Empieza con lo que tienes hoy. Tal vez puedas dedicar una hora diaria, quizás solamente algunos días de la semana o aprovechar determinados momentos en los que tus hijos están ocupados. Lo importante es comenzar a construir una rutina que realmente puedas sostener.

Tampoco tienes que comenzar siendo experta. Si quieres desarrollar un negocio digital, puedes aprender sobre redes sociales. Si quieres construir una comunidad, puedes aprender sobre liderazgo. Si quieres vender productos, puedes desarrollar habilidades comerciales y aprender a comunicarte mejor. Cada nueva habilidad que incorporas se convierte en una herramienta que nadie puede quitarte y que podrás utilizar durante toda tu vida profesional.

Algo maravilloso sucede cuando una mujer comienza a descubrir que puede generar resultados por sí misma. No hablo solamente de dinero. Hablo de recuperar confianza, descubrir nuevas capacidades y comprobar que todavía existen muchísimas cosas que podemos aprender y construir. Muchas veces el emprendimiento comienza como una necesidad económica y termina convirtiéndose también en un proceso de crecimiento personal.

No existe una única manera correcta de ser mamá emprendedora. Algunas mujeres construirán grandes empresas y otras desarrollarán pequeños negocios que les permitan generar ingresos adicionales mientras mantienen otras prioridades. Ambas decisiones son válidas. El éxito no tiene que verse exactamente igual para todas, porque cada familia, cada mujer y cada historia tienen necesidades diferentes.

Lo importante es que ser mamá no te haga pensar que tus sueños tienen que quedar permanentemente guardados para después. Tus hijos pueden ser una de las razones más importantes para querer construir algo diferente, pero también puedes hacerlo por ti, por esa mujer que sigue teniendo ideas, ambiciones y ganas de crecer más allá de todos los maravillosos roles que desempeña cada día.

Ser mamá puede cambiar profundamente nuestra vida, pero no tiene por qué detener nuestros sueños. Quizás simplemente nos obliga a construirlos de otra manera: con más organización, con nuevas prioridades, con muchísima paciencia y con una razón todavía más poderosa para seguir avanzando.

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