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De emprendedora a líder: cómo construir y desarrollar un equipo

Construir un equipo va mucho más allá de sumar personas. Te comparto lo que he aprendido sobre acompañar, enseñar y desarrollar nuevos líderes capaces de crecer y ayudar a otros a hacer lo mismo.

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Cuando comienzas un emprendimiento, la mayoría de tus pensamientos están concentrados en ti y en todo aquello que necesitas aprender. Te preguntas cómo conseguir clientes, cómo vender, qué publicar en redes sociales, cómo organizar tu tiempo y qué puedes hacer para mejorar tus resultados. Es completamente normal, porque durante esa primera etapa estás construyendo tus propias bases y descubriendo habilidades que quizás nunca antes habías necesitado desarrollar.

Pero llega un momento en el que el negocio puede comenzar a cambiar. Una persona observa lo que estás haciendo y te pregunta cómo puede hacerlo también. Después llega otra, y poco a poco descubres que ya no eres responsable solamente de tus propias actividades. Ahora existen personas que confiaron en ti para comenzar su propio camino y que probablemente tengan muchas de las mismas preguntas que tú tuviste cuando diste tus primeros pasos.

Para mí, allí comienza una de las transformaciones más interesantes del emprendimiento: pasar de pensar únicamente como emprendedora a comenzar a desarrollarte como líder. No ocurre porque alguien te entregue un título ni porque tengas determinada cantidad de personas dentro de un equipo. El liderazgo aparece cuando entiendes que tus acciones pueden ayudar a otras personas a crecer y decides asumir esa responsabilidad con seriedad.

Algo que he aprendido es que construir un equipo no consiste simplemente en sumar nombres. Puedes tener muchas personas registradas y aun así no tener una verdadera comunidad. Un equipo comienza a existir cuando las personas encuentran dirección, acompañamiento y una cultura en la que sienten que pueden aprender. Los números pueden mostrar el tamaño de una organización, pero nunca cuentan completamente la historia que existe dentro de ella.

Cada persona que llega a tu equipo trae consigo una realidad diferente. Algunas tendrán experiencia en ventas o emprendimiento, mientras que otras estarán haciendo algo así por primera vez. Algunas se sentirán cómodas hablando frente a una cámara y otras necesitarán semanas para atreverse a publicar su primer video. También encontrarás personas que quieren construir un gran negocio y otras que solamente buscan generar un ingreso adicional.

Entender esas diferencias es fundamental porque liderar no significa intentar convertir a todo el mundo en una copia de ti. Tu manera de trabajar puede servir como ejemplo, pero cada persona necesita descubrir sus fortalezas, desarrollar su propia voz y establecer objetivos que tengan sentido para su vida. Un buen equipo puede caminar hacia una visión compartida sin exigir que todos recorran exactamente el mismo camino.

Liderar significa enseñar a otros a avanzar sin depender siempre de ti

Cuando alguien comienza contigo, es natural que tenga muchas preguntas. Quiere saber qué publicar, cómo hablar con un cliente, qué productos recomendar o cómo organizar su negocio. Durante esa primera etapa, nuestro acompañamiento puede marcar una enorme diferencia porque tener a alguien dispuesto a orientarnos evita que sintamos que estamos intentando descubrir absolutamente todo solos.

Sin embargo, existe una diferencia entre acompañar a una persona y hacer el trabajo por ella. Si queremos construir líderes, nuestro objetivo no puede ser conseguir que alguien dependa permanentemente de nosotros para tomar cada decisión. Tenemos que enseñar herramientas, compartir experiencias y ayudar a desarrollar criterio para que esa persona vaya adquiriendo cada vez mayor independencia.

Siempre me ha gustado la idea de enseñar aquello que aprendemos. Si descubriste una forma más efectiva de organizar tus contactos, compártela. Si aprendiste algo que mejoró tu contenido, enséñalo. Si cometiste un error y ahora sabes cómo evitarlo, esa experiencia puede ahorrarle tiempo a otra persona. El conocimiento adquiere muchísimo más valor cuando circula dentro de una comunidad.

Esto también significa que no necesitas saberlo todo para comenzar a liderar. Muchas veces creemos que un líder tiene todas las respuestas, cuando en realidad una parte importante del liderazgo consiste en saber aprender. Puedes decir “no lo sé, pero vamos a descubrirlo” y buscar una respuesta junto a tu equipo. La honestidad genera mucha más confianza que intentar aparentar que nunca tenemos dudas.

Otro aspecto fundamental es aprender a escuchar. Es muy fácil pensar que sabemos exactamente qué necesita una persona porque nosotros ya recorrimos parte del camino. Pero quizás aquello que funcionó para ti no funciona de la misma manera para ella. Antes de ofrecer una solución, necesitamos comprender cuál es realmente el problema y qué está intentando conseguir.

También debemos aprender a reconocer el esfuerzo, no solamente los grandes resultados. La primera venta de una persona puede parecer pequeña dentro de las cifras generales de una organización, pero para ella puede representar algo enorme. Su primer video, su primera clienta o la primera integrante de su propio equipo son momentos que pueden aumentar muchísimo su confianza y demostrarle que es capaz de avanzar.

Celebrar esos pasos ayuda a construir una cultura en la que el progreso tiene valor. Si solamente reconocemos a quienes consiguen los números más grandes, muchas personas que están comenzando pueden sentir que sus avances no importan. Un equipo saludable debería tener espacio para celebrar grandes metas, pero también para reconocer todos esos pequeños logros que hacen posible llegar hasta ellas.

Al mismo tiempo, liderar implica aprender a tener conversaciones difíciles. No todo será motivación y celebraciones. Habrá personas frustradas porque no están consiguiendo los resultados que esperaban, otras que perderán constancia y algunas que decidirán detenerse. Nuestro trabajo no es prometer que todo será fácil, sino ayudar a analizar qué está ocurriendo y qué puede hacerse de manera diferente.

Los equipos fuertes se construyen con cultura, ejemplo y propósito

Con el tiempo entendí que una comunidad necesita algo más que objetivos comerciales para mantenerse unida. Las personas pueden llegar inicialmente atraídas por un producto o por una oportunidad económica, pero aquello que hace que un equipo tenga identidad es la cultura que construimos alrededor de él. La forma en la que nos comunicamos, aprendemos, celebramos y enfrentamos las dificultades termina definiendo esa cultura.

Por eso el ejemplo tiene tanto peso. No podemos pedir constancia si nosotros desaparecemos durante semanas. No podemos hablar de formación si dejamos de aprender. Tampoco podemos pedir respeto dentro de nuestra comunidad si nuestra propia manera de comunicarnos no refleja ese valor. Como líderes, nuestras acciones enseñan muchísimo más que cualquier presentación que podamos preparar.

Esto no significa que tengamos que mostrarnos perfectos. Al contrario, creo que un liderazgo humano permite reconocer errores y hablar sobre aquello que todavía estamos trabajando. Las personas necesitan referentes reales, no personajes imposibles de alcanzar. Cuando compartimos también parte del proceso, mostramos que crecer significa continuar aprendiendo sin importar cuánto hayamos avanzado.

En el Network Marketing esta cultura se vuelve especialmente importante porque nuestro crecimiento está conectado con el desarrollo de otras personas. Puedes conseguir excelentes resultados personales, pero construir una organización sostenible requiere que aparezcan nuevos líderes capaces de enseñar a otros. Allí es donde la formación deja de depender de una sola persona y comienza a multiplicarse.

A esto muchas veces lo llamamos duplicación. Sin embargo, para mí no significa conseguir que todos hagan exactamente lo mismo de la misma manera. Significa desarrollar procesos suficientemente sencillos para que puedan enseñarse y repetirse. Si una persona aprende algo contigo y después puede enseñárselo a otra, el conocimiento comienza a moverse a través de toda la organización.

Por eso también debemos evitar complicar innecesariamente el negocio. Cuando presentamos veinte herramientas, diez estrategias y una enorme cantidad de tareas a alguien que acaba de comenzar, podemos terminar paralizándolo. Muchas veces es mejor ayudar a dominar primero unas pocas actividades importantes y después incorporar nuevas habilidades conforme la persona gana experiencia.

En mi camino con FARMASI, una de las cosas que más valoro es precisamente poder ver cómo una persona evoluciona. Alguien puede llegar diciendo que no sabe vender, que nunca ha creado contenido o que no se considera capaz de liderar. Meses después puede estar ayudando a otras personas a superar exactamente los mismos miedos que ella tenía al comenzar.

Ese momento es muy especial porque demuestra que el liderazgo también se aprende. No todos nacemos sintiéndonos cómodos hablando frente a un grupo o tomando decisiones. Muchas veces nos convertimos en líderes porque aparece una situación que nos obliga a crecer. Primero ayudamos a una persona, después a cinco y eventualmente descubrimos que hemos construido una comunidad mucho más grande de lo que imaginábamos.

También he aprendido que no podemos medir nuestro liderazgo únicamente por la cantidad de personas que tenemos dentro de un equipo. Para mí existe una pregunta mucho más interesante: ¿cuántas de esas personas están aprendiendo a liderar a otras? Una organización se vuelve realmente fuerte cuando el conocimiento y la confianza no se concentran solamente en quien comenzó el equipo.

Un verdadero líder debería sentirse orgulloso cuando alguien de su comunidad comienza a desarrollar sus propias ideas, encuentra su estilo y consigue resultados que incluso superan los suyos. Nuestro objetivo no debería ser mantenernos siempre como el centro de todo, sino ayudar a construir personas capaces de avanzar por sí mismas y después hacer lo mismo por quienes vienen detrás.

Eso requiere también aceptar que no todas las personas permanecerán para siempre. Algunas cambiarán sus prioridades, encontrarán otros proyectos o simplemente decidirán que este camino ya no corresponde con aquello que quieren. Liderar también significa respetar esas decisiones. No podemos construir una comunidad saludable desde la presión o haciendo sentir culpable a alguien por elegir algo diferente.

Lo que sí podemos hacer es crear un espacio al que las personas quieran pertenecer porque encuentran valor. Un lugar donde pueden aprender, sentirse escuchadas y compartir con otras personas que también están intentando crecer. Cuando existe esa cultura, el sentido de comunidad deja de depender únicamente del negocio y comienza a construirse alrededor de relaciones reales.

Si hoy estás comenzando tu emprendimiento y todavía no tienes un equipo, quizás el liderazgo parezca algo lejano. Pero puedes comenzar a desarrollarlo desde ahora. Aprende a comunicar mejor, cumple aquello que prometes, comparte lo que sabes y trata a cada persona con respeto. Esas mismas habilidades serán las que necesitarás cuando llegue alguien y te diga: “Quiero aprender a hacer lo que tú estás haciendo”.

Y cuando ese momento llegue, recuerda cómo te sentiste tú durante tus primeros días. Recuerda las preguntas, los miedos y todo aquello que todavía no entendías. Utiliza esa experiencia para convertirte en el tipo de persona que te habría gustado tener cerca cuando comenzaste.

Porque construir un equipo no consiste solamente en conseguir que más personas caminen detrás de ti. Para mí, el verdadero liderazgo aparece cuando ayudas a quienes caminan contigo a descubrir su propio camino y, con el tiempo, ellos también son capaces de extender la mano a alguien que apenas está comenzando.

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